domingo, 4 de octubre de 2020

 NACÍ GATO

Nací gato y apenas me di cuenta. Luego de tener dos felinos en mi vida, me di cuenta cómo son esos extraños seres y me di cuenta de lo parecido que somos.

La primera señal me la dio la vida fue una fisura con la que nací en el lado derecho de mi labio superior, los ojos rasgados y nací maullando. Pasé toda mi infancia siendo curioso, inventando juegos y juguetes, imaginando cosas y jugando con cualquier bola de estambre que encontraba. Siempre he andado por los campos indagando qué hay por ahí, qué tiene la vida para mí en esos lugares desconocidos que muchos no se atreven a explorar.

Amo dormir, yo pasaría gran parte de mi vida durmiendo si no fuera por el trabajo y las preocupaciones de un humano adulto. A veces soy temeroso de la vida y de las personas, soy algo desconfiado y por eso a veces salgo corriendo.

Algunas veces soy engreído e insoportable, pero aun así creo que hay gente que me quiere, no me entiende, pero me quiere y me acaricia. Tengo una gran debilidad por las caricias en la espalda, hacen que me retuerza de placer y bostezo abriendo mi boca grande, enseñando mis colmillos y me dan más ganas de dormir.

Me considero un ser libre e independiente, sobre todo por las noches. Soy un ser nocturno, ya sea para trabajar o para salirme de fiesta con mis otros amigos gatos. No me gustan las ataduras, no soy de cadenas, correas ni collares, prefiero una vida salvaje y básica. Me gusta poder cazar mi comida cada día, buenas horas de descanso y de vez en cuando una caricia; sólo cuando yo la pido. Sí, soy solitario, me gusta salir a pasear conmigo mismo, no necesito que alguien tome la correa por mí.

Soy frágil y delicado, los juegos bruscos nunca me han gustado, soy un pacifista. Pero cuando me hacen enojar se me ponen los pelos de punta y puedo sacar las garras.

También soy sutil y meticuloso; trato de no dar un paso en falso cuando ando por las ramas, soy bastante cauteloso para no caerme, o si lo hago, al menos caer sobre mis cuatro patas.

Me encanta el misticismo de las cosas, las leyendas y de eso, los gatos estamos rodeados todo el tiempo. Estamos rodeados de esa magia que nos hace especiales, pero también susceptibles. Creo en la rencarnación, y por mi experiencia, yo supongo que ando en una de mis siete o nueve vidas.

Tengo oídos delicados y cualquier ruidito me distrae, me exalta. Empiezo a husmear entre las paredes o las ventanas para saber de dónde proviene; y cuando veo que no hay peligro vuelvo a mi rincón.

Me considero un ser inteligente, he sido compañero de artistas, filósofos, pensadores, escritores y demás; y nos llevamos bien. Además, los gatos no andamos por la vida enseñando la lengua.

En la cama soy salvaje; muerdo, lamo y si quieres puedo arañarte. Grito de placer sin escrúpulos ni pudor, maúllo tan fuerte a la mitad de la noche, que es probable que todos los vecinos me escuchen. Pero también soy meloso y tierno cuando siento confianza en la gente, me pongo boca arriba y dejo que acaricien mi pancita, hasta dormirme.

Nací gato, soy un gato gigante lampiño que anda por la vida sobre sus dos patas.

 ChV, 2020.



viernes, 10 de julio de 2020

UN DÍA MÁS


Esas tardes de verano

Es lunes, y Carlos acaba de llegar a casa, con algunos recuerdos vívidos en su cabeza y algunas fotos en su teléfono. Con los ojos un poco cristalinos, la mente despejada y la mirada quieta, como si en su mente viera paisajes lejanos.

Al dejar la maleta, saca su teléfono y manda un mensaje que dice “Ya estoy en casa” y lo deja sobre la mesa. Abraza al gato que había dejado solo por tres días, al que le sirve un poco de comida pues su plato ya está vacío, el gato ronronea y luego va sobre un delicioso plato de croquetas frescas.

Carlos, enciende la radio (es un tipo raro, de esos que aún le gusta escuchar la FM) y se posa sobre la cama, con un brazo debajo de su cabeza y una mano sobre el pecho, cierra los ojos y comienzan a pasar imágenes por su cabeza, con la firme intensión de revivir aquellos momentos de esas inolvidables tardes de verano.


La cita

Era mediodía del sábado y Carlos se encontraba acostado sobre la cama del cuarto del hotel al que había llegado, con la tele encendida, viendo un canal de videos musicales de los 90´s, con un brazo debajo de su cabeza y una mano sobre su pecho, pensaba qué hacer ese día para divertirse.

Revisaba en su teléfono constantemente las aplicaciones de ligue, para ver si había algo interesante por ahí. Estaba ya casi seguro de que pasaría la tarde otra vez en la playa solo, como tantas veces, con cerveza y algo de comida; cuando en eso llegó un mensaje a su teléfono.

Era un tipo que venía también solo de vacaciones de otra ciudad, quien invitaba a Carlos a su terraza para pasar la tarde juntos con unas cervezas, pero luego de una plática decidieron mejor ir a comer juntos. El pretexto era no comer solos y hacerse compañía. – Genial, nos vemos a las cuatro en la plaza, me llamo Carlos ¿y tú? – Yo soy Rubén, contestó el tipo con un mensaje de texto.

Luego de un par de horas, Carlos se dirigió a la plaza, a lo lejos se veía un sujeto grande y barbón, muy parecido a la foto que le habían enviado por teléfono. – Es él –  pensó. Luego de dejarlo dar un par de vueltas en la plaza, Carlos decide alzar la mano para ser visto, el tipo voltea, lo ve y se acerca. –¿Rubén? - pregunta Carlos. - Sí, hola ¿cómo estás?-. A primera vista parece que Rubén no era del tipo que suele gustarle; demasiado grande para sus gustos, gordo, a decir verdad, pero con una actitud segura y amena, eso sí le gustaba. Luego de unos minutos de conversación y algunas risas decidieron ir a comer al restaurante que Carlos había propuesto, era un lugar muy agradable junto a la playa.

Era una tarde no muy soleada, hacía un viento fresco delicioso. Al ser atendidos por el mesero, pidieron unas cervezas para empezar. La plática seguía muy amena, llena de coqueteos y pequeñas risas. Un “salud” después de destapar la primera cerveza para seguir conversando y comer. Al menos Carlos se sentía ya un poco más relajado; pues no siempre las citas a ciegas terminan bien, como siempre; sólo dejaba las cosas fluir.

Foto: IG chuyez

La playa

Entre las cervezas, la plática y los mariscos, la tarde caía. Terminaron de comer, salieron del lugar y decidieron ir a caminar por la playa como lo había propuesto Rubén, quien se quitó los zapatos pues no venia preparado para andar en la playa, pero pensó que sería una buena idea. Y caminaron.

Carlos andaba en sandalias, y al tocar el agua del mar, sintió que tenía un clima increíble, como nunca le había tocado sentir, por lo que no quiso dejar la oportunidad de meter los pies, por lo menos para sentir el agua tibia sobre la arena. Caminaron algunos metros hasta llegar casi a la orilla de la playa donde se tenían que regresar, pero Carlos tenía la intensión de meterse al mar, no quería dejar la oportunidad de sentir esa agua tibia del mar de verano.

-Quiero meterme al mar- dijo Carlos, -Métete aquí te espero- le contesto Rubén haciendo una seña a la orilla de la playa donde se sentó a esperar a Carlos quien en seguida se quitó la playera y entró al mar sin pensarlo ni un poco.

Luego de unos minutos de haber sentido el agua del mar de ese día, Carlos invitó a Rubén haciendo señas desde lo lejos e insistía, a lo que él respondió asintiendo con la cabeza, se paro, se quitó la camisa y dejó sus cosas junto con sus zapatos a la orilla para encontrarse con Carlos entre las olas.

La plática seguía, las pequeñas risas y los coqueteos, mientras la tarde caía, a pesar de ser casi las siete, el sol seguía intenso. El agua del mar tibia y las olas tranquilas. Así fue hasta las nueve de la noche, que decidieron salirse pues el viento ya se sentía fresco y parecía que iba a llover con ese cielo nublado.

Ambos tomaron sus cosas y se prepararon para partir de la playa de regreso a la plaza donde se conocieron y tal vez despedirse. Es lo que procede cuando sales con una cita que no es de tu agrado, das las gracias y te vas. Pero este no fue el caso, al despedirse Rubén le propuso a Carlos verse por la noche, tal vez salir a algún bar a beber algo. A lo que Carlos contestó que sí; en su mente esperaba esa propuesta así que no había nada que pensar, sólo asentir con la cabeza y decir –Sí, claro-. Una vez que acordaron que se verían más tarde, en esa misma esquina; a la que luego nombrarían “su esquina”, Carlos se fue a su hotel y Rubén a la casa donde se hospedaba por esos días,

Luego de un baño, de haber tomado un pequeño refrigerio y un breve descanso, entre mensajes de texto y la lluvia que empezó justo cuando Carlos llegó al hotel, acordaban la hora exacta para verse en “su esquina”, que sería a las doce de la noche.

Foto: IG chuyez


Besos de tequila

Entre las cosas que le gustaban a Carlos de estos lugares para vacacionar, era que uno podía salir a los bares a media noche con un short, tenis y playera nada mas, el clima y el ambiente lo ameritaban, aun si llovía y las calles estuvieran mojadas y llenas de charcos. Pensaba mientras esperaba a Rubén en la dichosa esquina, quien luego de unos minutos llegó y se disculpo por los diez minutos tarde que había llegado excusándose con la lluvia.

Caminaron juntos hacia el bar que había propuesto Carlos, mientras platicaban de su regreso de la playa y la lluvia que acababa de pasar; entre charcos, calles mojadas y mucha gente de ambiente a esa hora. Al llegar al bar, decidieron apartarse a un rincón donde no hubiera mucho bullicio. El lugar estaba lleno de gente, pero aun así pudieron platicar. Luego de pedir un par de cervezas y tomar una mesa donde se sentaron uno enfrente al otro. Durante ese tiempo todo fluía muy bien, incluso el humor era muy similar entre los dos; y de repente los guiños y el coqueteo no faltaban. Aunque Carlos no se consideraba un tipo amistoso, sólo con algunas personas dejaba salir esa parte suya; Rubén sí era uno de esos tipos, de esos que conversan con todo mundo, que le cae bien a la gente desde la primera impresión, era lo que se conoce como un tipo bonachón.

Luego de un par de cervezas decidieron ir a otro lugar, algo más animado, donde pudieran estar en más ambiente, pues el lugar donde estaban se estaba quedando vacio poco a poco. Salieron y llegaron a la puerta del otro bar, cuando Carlos recordó que tenía que pasar a al banco pues ya no traía casi efectivo en la cartera y le pidió a Rubén que lo acompañara.

Salieron de la zona concurrida para dirigirse al banco, eran las dos de la mañana ya y la calle por donde pasaban todavía estaba sola y húmeda. Al salir de ahí Carlos, mientras guardaba su cartera comenzó a caminar de regreso al bar, cuando de repente y sin esperarlo, sintió que Rubén, quien iba detrás de él, lo abrazaba de la cintura de forma muy sorpresiva y cariñosa. En ese instante Carlos no hizo más que sucumbir, dejando caer su cabeza hacia atrás sobre el hombro de Rubén, con sus manos tomó sus brazos que enredaban su cuerpo delgado, mientras hacia arriba veía la noche estrellada y escuchaba muy de cerca la respiración de Rubén en su oído, al unísono de las olas del mar. Caminaron así por un par de calles casi vacías, casi en silencio, como ellos dos. Luego sólo se tomaron de la mano, antes de llegar al bar, en una calle solitaria, Rubén se detuvo y nuevamente de manera sorpresiva tomo a Carlos de la cintura lo volvió frente a él para besarlo en los labios, el que sería su primero beso entre ellos. Un beso largo, parecía eterno, en una calle silenciosa y solitaria. Húmeda como sus labios y tranquila como la noche. Después, se miraron a los ojos, ambos sonrieron de contentos; se tomaron de la mano nuevamente y siguieron caminando. Esta vez lentamente, sin prisa, como si hubieran encontrado algo y no habría necesidad de buscarlo mas.

Por fin entraron al lugar. Era un sitio de música fuerte para bailar y beber. Estaba lleno de gente por todos lados. Rubén tomó a Carlos de la cintura todo el tiempo que estuvieron ahí, fueron a la barra por un par de cervezas y entre las risas, la música, un poco de tequila y varios besos en medio de la pista. Pasaron una noche increíble, como hacía mucho no pasaba, al menos Carlos.

Ya eran las seis de la mañana y decidieron salir del lugar, estaban cansados y querían ir a descansar. Mientras Rubén buscaba un taxi para irse a la casa; pues se hospedaba muy retirado de ahí; le preguntó a Carlos si quería acompañarlo para mostrarle su terraza y por supuesto para pasar la mañana juntos, a lo que Carlos contesto que sí.

El taxi llegó por ellos y partieron rumbo al cuarto de Rubén. Carlos comprobó que sí, efectivamente quedaba bastante lejos, incluso hacia una colina muy empinada, luego de varios minutos de trayecto, el taxi los dejó por fin en la puerta del lugar. Se bajaron del auto y Rubén abrió la puerta principal, donde por un costado se encontraba una escalera, larga, que pasaba entre árboles y plantas. –Vamos- dijo Rubén, - tienes que ver esto-

Al llegar a la cima se encontraba la terraza, muy amplia, húmeda aun por la lluvia y a lo lejos se veían el pueblo y el mar. Una vista espectacular, que estuvieron viendo abrazados por unos minutos esa mañana todavía oscura.

En la parte inferior se encontraba el cuarto de Rubén, con una cama amplia donde pasarían la mañana dormitando, descansando de esa noche de fiesta, hasta que saliera el sol.

Foto: IG chuyez


Un día más

Eran casi las nueve de la mañana, el sol ya había salido e iluminaba las orillas de las ventanas que Rubén había tapado con un par de cobijas para que no entrara mucha luz, pues a él le gustaba dormir en plena oscuridad. Carlos despertó, a pesar de que en realidad sólo durmió algunos minutos. Tenía preocupación por entregar el cuarto de hotel y no perder su autobús a mediodía, pues ese sería el último día de su estadía. Intento despertar a Rubén quien al parecer solía dormir profundamente y con muchos trabajos pudo abrir un poco los ojos. Carlos, mientras se vestía y recogía sus cosas, le avisaba a Rubén que ya se iba, que tenía que entregar el cuarto del hotel y que su autobús salía a mediodía. No quería que se hiciera tarde. Rubén escuchaba, pero no hacia el intento por levantarse, todo pasaba tan rápido. Carlos abrió la puerta mientras se despedía, así, como si nada hubiera pasado en estos días. Rubén seguía acostado, tampoco parecía muy consciente de lo que pasaba, solo contesto casi balbuceando –Adiós-

Carlos salió del cuarto, pero al llegar a la puerta principal, se dio cuenta que estaba cerrada con llave, y por lo tanto tenía que regresar con Rubén para pedirle que abriera la puerta. Luego de muchísimos intentos con llamadas a su teléfono y a la puerta, cada vez más fuertes, Rubén abrió la puerta, casi dormido. – ¿Qué pasó?- le pregunto a Carlos, quien le pidió que le abriera la puerta principal. Rubén entro al cuarto a ponerse un short y tomar las llaves. Empezó a caminar detrás de Carlos quien parecía algo desesperado por salir de ahí, a pesar de que aun era temprano y quedaban algunas horas para partir. Rubén abrió la dichosa puerta, que para suerte de ambos había estado cerrada, pues de lo contrario; pensaba Carlos; esa historia habría terminado ahí, y así, sin más que un triste y escueto “adiós”.

Al salir, pareciera que la puerta les hubiera hecho reaccionar a ambos. De que Carlos ya partía, que sería la última vez que se verían y hablarían, que sería su ultimo abrazo y se dirían adiós.

Al estar parados frente a esa puerta, se despedían, se decían lo bien que la habían pasado y se agradecían por los momentos que habían pasado juntos y por haberse hecho compañía. Y como quien no quiere despedirse, se abrazaban, se besaban, se tomaban de las manos cuando Rubén le dijo a Carlos que no quería que se fuera, que le gustaría que se quedara, y que la había pasado increíble. Que le gustaría aprovechar al menos un día mas, pues él todavía se quedaría en un par de días ahí. Entre abrazos, besos, caricias y cortas pero falsas despedidas, Carlos analizaba la propuesta, y como un acto aventurero le dijo a Rubén que tal vez sí podía quedarse un día más. Sólo necesitaba cambiar su boleto de autobús y por supuesto saber que contaba con hospedaje en su casa. A lo que a Rubén le pareció fantástico y por supuesto asintió. –Claro, aquí te puedes quedar, conmigo-. Carlos sonrió y se sentía algo loco, jamás había hecho algo así. Regularmente planeaba muy bien sus viajes y esto para él era algo bastante inusual. Eso decía su cabeza, pero su corazón decía todo lo contrario. Su corazón era más arriesgado y aventurero, además luego de esos dos días tan divertidos y de saber que estaba ahí Rubén dispuesto, no había manera de decir que no.

Afirmó con la cabeza y dijo, - Bueno, entonces vuelvo en un par de horas con mis cosas, te llamaré para avisarte cuando esté aquí de regreso- Rubén estaba contento y le dijo –Aquí te espero-. Carlos se despidió por ese momento con un beso, bajó las escaleras y a lo lejos de la calle volteaba, y veía a Rubén parado en la puerta con su mano levantada diciendo “adiós”, hasta que Carlos dio vuelta en una esquina y sus miradas se perdieron.

Luego de ir a desayunar y confirmar lo del cambio de boleto en la oficina de autobuses, Carlos llegó al hotel. Faltaban menos de dos horas para entregar la habitación, por lo que sólo recogió sus cosas y las metió en la maleta, mientras mandaba mensajes a Rubén y trataba de llamarle para avisarle que estaría ahí en un momento, pero Rubén no contestaba. De verdad tenía un sueño muy pesado ese hombre.

Llegada la hora para entregar la habitación del hotel, Carlos salió hacia la recepción y dejó su llave- Eran las doce en punto y Rubén no contestaba ninguno de los mensajes, ni las llamadas. Carlos, como el tipo nervioso que es, empezó a sentirse un poco ansioso y desesperado; y las ideas empezaron a llegar a su cabeza. – Bueno, lo peor que puede pasar es que termine regresando al hotel y pedir un cuarto un día mas- Pensando que tal vez Rubén se habría arrepentido de invitarlo.

Mientras Carlos caminaba rumbo al cuarto de Rubén, pensaba –Seguro está bien dormido-. Luego de esa larga caminata con maleta al hombro, con algo de sueño, sucio y casado, finalmente Carlos llegó a la casa de Rubén. A quien como último intento llamó desde afuera para avisarle que ya estaba ahí y le abriera la puerta. Por suerte Rubén contestó. –Ya estoy aquí, ábreme- dijo Carlos.

Al entrar al cuarto, Rubén seguía somnoliento, le dio la bienvenida a Carlos con un abrazo y diciéndole que había sido muy bueno que se haya quedado un día más. Carlos puso su maleta sobre una mesa. Ambos estaban tan cansados todavía de la noche anterior, que luego de acostarse en la cama abrazados, platicaban mientras el sueño les ganaba.

 Foto: IG chuyez


La hora de las ánimas

Dos de la tarde y Carlos ya había despertado. Rubén seguía algo somnoliento pero despierto también. Seguían abrazados en la cama mientras veían algo de televisión y platicaban. Al poco rato decidieron que debían salir a comer algo, pues ya era tarde y el hambre les ganaba.

Luego de un baño, a las cuatro de la tarde salieron a buscar algo que comer. Por suerte había feria en la plaza del pueblo y el menú era extenso. Había comida mexicana de todo tipo: pozole, sopes, tacos, tortas y hasta postres. Decidieron parar en uno de esos puestos y sentarse a comer- Después ir por un helado para comerlo en el malecón, justo cuando era el atardecer. El sol era rojo, había mucha gente en la calle, el clima era fresco y estaba un poco nublado.

Mientras se comían su helado frente al atardecer y el mar, platicaban de cosas, de anécdotas. Todo el tiempo parecía que trataban de conocerse mas y mas. Y cada vez sentían mas empatía uno del otro. Rubén aprovechó para contarle a Carlos una leyenda que su madre le había contado. Era una historia mística, que hablaba de los espíritus, llamada “La hora de la ánimas”. -Es el momento exacto en el que el sol ya no está, pero todavía hay un poco de luz, el ambiente se vuelve gris y por eso se dice que las animas salen a esa hora-, explicaba Rubén.

A pesar de que habían dormido bastante bien, ambos seguían cansados. Eran hombres maduros de casi cuarenta años de edad. Las desveladas y borracheras ya son mortales para un par de tipos así. Cayó la noche y decidieron irse a casa de Rubén, a la terraza específicamente, comprar algunas cervezas y pasar ahí un rato juntos viendo el horizonte de la noche. A ambos le pareció mejor idea que ir a algún bar, ambos preferían la comodidad y privacidad de la casa. Otra de las cosas que parecía tenían en común. Se levantaron de la banca donde estaba sentados y caminaron rumbo a la casa, en el camino llegaron a una tienda para comprar cervezas.

 Foto: IG chuyez


El oso y el lobo

Luego de una larguísima caminata y tremenda cima, llegaron al cuarto de Rubén con un pack de cervezas frías, sólo dejaron algunas cosas, tomaron esas cervezas y se dirigieron a la terraza. Ahí había un mueble muy cómodo y grande que acomodaron antes de destapar la primera cerveza de la noche. Y así, una vez acomodados, abrazados y con cerveza en mano, miraban juntos el horizonte oscuro estrellado, la luna resplandeciente y el pueblo abajo, con algunas luces encendidas.

Al poco rato, ya en la segunda cerveza, de repente se escuchó lo que parecía el aullido de un lobo. Fue lo que pensó Carlos asustado al instante, la idea no era tan descabellada, pues la casa se encontraba en una colina llena de árboles y plantas, casi selvática. El aullido se oía muy cerca, demasiado. Al menos Carlos nunca había escuchado un lobo aullar y mucho menos tan cerca. Rubén, al verlo temeroso, lo abrazo fuerte y le dijo, a manera de broma, que él lo cuidaría, que no tuviera miedo. Carlos no pudo evitar pensar y sentir que estaba protegido por un oso, un oso grande, peludo y barbón. Se relajó y dejó caer su cabeza sobre su hombro, otra vez.

Luego de un par de horas, casi a la una de la madrugada; el lobo ya no se escuchaba y decidieron ir a dormir. Estaban cansados, la comida de la tarde les había caído muy pesado y esas cervezas habían sido el toque final de ese día. Regresaron al cuarto, tomaron un baño y durmieron abrazados. Ambos coincidían que a veces era complicado compartir la cama. Rubén porque era un tipo muy grande y le gustaba el espacio y Carlos porque tenía el sueño muy ligero y cualquier movimiento o sonido lo despertaba fácilmente. Esa noche fue la excepción, para ambos. La que sería la última noche, durmiendo juntos.

Un beso fue lo que despertó a Carlos la mañana siguiente, un beso en los labios, un beso suave acompañado de una caricia en la cintura. Por supuesto era Rubén, quien había sentido mucha atracción por Carlos desde el primer día pero que hasta este momento sentía indicado para demostrárselo. Así era él, un tipo de momentos y de sorpresas, un tipo que dejaba fluir las cosas y dejarlas ser al natural, sin forzar las situaciones. Carlos notaba eso y es por eso que sentía también mucha atracción por Rubén, más que física, en este caso era emocional. Era el tipo de hombres que le gustaban, no en el físico, sino en la actitud y el modo de pensar.

Luego de varias caricias y besos tiernos, Carlos sólo se dejaba llevar, no esperaba realmente que pasara lo que estaba a punto de pasar. Para él ya había sido bueno pasar los días acompañado de Rubén, y se sentía satisfecho con eso. Pero en el fondo lo quería, así como Rubén. Luego de varios besos y caricias terminaron haciendo el amor por varios minutos.

 

Foto: IG chuyez

Un adiós imaginario

Los minutos pasaban más rápido cada vez, sentía Carlos. Pues tenía que partir en unas horas. Sólo le quedaba tiempo para bañarse, tomar sus cosas e ir a desayunar algo antes de tomar su autobús. Entre pláticas, se notaba que Rubén no quería que Carlos se fuera, estaba muy a gusto y sentía que lo iba a extrañar. Luego del baño y recoger sus cosas Carlos se cepillaba los dientes frente al lavabo, cuando en eso sale Rubén del baño y lo ve ahí parado, sin camisa, con sus jeans y tenis solamente, de espaldas hacia él. Rubén no resiste las ganas de acercarse para tomarlo de la cintura con esas manos fuertes que tenía; y a las que Carlos no podía resistirse. Le encantaba que hiciera eso, esa parte seductora de Rubén, quien lentamente besaba su espalda, sus hombros y cuellos y de repente lo volteaba hacia él, lo arrinconaba en la pared para besar fuertemente su pecho también y su abdomen plano que tanto le gustaba. Pareciera que querían aprovechar hasta el último minuto de estar juntos pues la hora de partir se acercaba.

Una vez listos, salieron del cuarto. Carlos con su maleta en hombros pues ya no volvería ahí. Salieron de la casa y fueron en dirección al pueblo para encontrar un lugar donde desayunar. Encontraron un pequeño restaurante donde comieron chilaquiles y café, mientras sostenían su última conversación. Se mostraban fotos en sus teléfonos y seguían felices, como el primer día.

Al termino del desayuno, salieron para tomar el autobús de Carlos, a quien Rubén acompaño hasta el último minuto. Mientras esperaban la salida del autobús se dieron un abrazo, se dijeron las últimas palabras de agradecimiento y haciéndose saber el placer que había sido conocerse uno al otro, de haber compartido esos días juntos y de hacerse compañía. Ninguno de los dos había pensado que una historia así podía sucederles cuando llegaron a este lugar.

Foto: IG chuyez

El autobús se acercaba, los segundos avanzaban más rápido y al final un fuerte abrazo fue lo último que sucedió en esa travesía llena de romance y aventura. Un abrazo que ambos esperaban que durara más tiempo y que en el fondo esperaban que no fuera el último. Carlos se dio la vuelta, subió al autobús que ya estaba estacionado y decidió sentarse en un lugar junto a la ventana, para ver a Rubén al menos unos segundos más mientras el camión partía. Con su mano levantada y una sonrisa gratificante y en su pensamiento un “adiós” imaginario, Carlos veía por la ventana buscando la mirada de Rubén, quien lo seguía también, ahí abajo, con su mano levantada, pero sus ojos cubiertos por gafas.


Chuy Vélez, 2018.

 


jueves, 18 de enero de 2018

Pequeño mundo de poesías sin palabras

Es la mañana de un jueves, voy caminando hacía el paraninfo en cuanto recibo una llamada, es la chica que organiza un taller que comienza en unos minutos en el MUSA, llama para confirmar mi participación en él y con una mueca de satisfacción, yo le confirmo mi asistencia, la cual no estaba planeada hasta ese momento, solo digamos que tomé mis precauciones para estar cerca de ahí.

Antes de entrar al taller espero sentado en una de las macetas de la plaza frente al templo Expiatorio un poco, pues aún falta un poco para que abrieran las puertas, le doy unos tragos a la botella de agua que acabo de comprar y me llevo una paleta de dulce a la boca. En este momento me siento algo ansioso y nervioso; esperé que el agua y la paleta aliviarán eso pero no fue así.

Al llegar la hora, entro a lugar, me registro y tomo una silla para sentarme en medio de la sala. Poco a poco empiezan a llegar los demás compañeros, somos al rededor de doce personas, incluyendo a las chicas organizadoras y a la tallerista, su nombre es Lily. A quien de lejos logro identificar y la escucho hablar en inglés. En ese momento ella se para al centro de la sala y mientras hablaba, una chica a su lado le traduce cada frase.

Luego de presentarse y explicarnos el proceso del taller, nos invita a una de las salas; para explicarnos algunas de las piezas de instalación que ahí se encuentran, y bueno, a partir de eso, entre dinámicas, apuntes, bocetos; comienza el aprendizaje y la experiencia. La mayoría de los participantes son jóvenes, creo que yo soy el más adultos de ahí, quizás por eso es que con Lily tengo una relación muy estrecha durante el transcurso del taller.

Foto: MUSA
Durante cuatro días tuvimos que desarrollar una pieza de instalación a partir de las piezas originales de la exposición y con las herramientas y materiales que nos proporcionaron. Es chistoso cómo yo el primer día estaba tan bloqueado que empecé con un proyecto bastante escueto, era una caja; sí, literariamente una caja; a diferencia de lo que fue el resultado final no tenía comparación.

Luego de analizar mi propuesta pensé que no era suficiente, como siempre me pasa, y comencé a bocetar mas tranquilamente en la comodidad de mi casa y me enfoqué en estos cuatro principios: 

- No te limites
- Cambia cuando necesites cambiar
- Deja que la pieza fluya y
- Apropiate del espacio.

Estas cuatro cosa para mi fueron fundamentales. Luego de esto y de seguir bocetando tuve otra idea, mas fresca, mas orgánica, mas sutil y mas estética. Esta pieza al final fue una especie de telaraña monumental colgada de los muros del recinto, atada desde el piso hasta el techo, fue una pieza que me permitió ser muy sutil con los detalles. El trayecto fue padrísimo, cada día que trabajaba en la pieza era como si yo desapareciera, todo se borraba de mi mente y solo veía los materiales y el espacio, luego me daba un tiempo de contemplación para ver la pieza de lejos de diferentes ángulos, no era nada simétrica, si no todo lo contrario. El proceso me pareció muy lúdico y visceral, llegue a compararlo un poco conmigo.

Foto: MUSA

Entre eso y mis pláticas con Lily, me sentía muy motivado a seguir, muy fluido y llevado por la pieza, ella me sugería qué hacer, dónde seguir y cómo. Lily es una gran conocedora, es una escultora y curadora alemana, que a lo que entendí va por muchos lugares del mundo impartiendo este taller junto con la exposición. Hace mucho no me encontraba con quien, irónicamente, pudiera hablar el mismo idioma, en tan pocos día sentí mucha afinidad con ella, sentí que teníamos muchas cosas en común, era como si estuviéramos conectados por el arte. Indescriptible.

En el cuarto y último día yo seguía trabajando en la pieza hasta donde pude, quedé muy contento con el resultado final pero sobre todo con la experiencia y el aprendizaje. Para cerrar el ciclo del taller se hizo una pequeña exposición con las piezas realizadas y cada uno hizo una breve explicación de sus piezas.

Foto: MUSA

Para mi suerte, soy el primero en hablar, obviamente me pongo nervioso, pues no soy bueno hablando en público, dos segundos puedo hablar bien pero el resto me sudan las manos, me tiembla la voz y los músculos faciales, creo que debe es un poco gracioso para los demás. Más allá de explicar la pieza, traté de compartir mi experiencia y el taller en sí, cómo había sido y lo mucho que lo había disfrutado. Lily es quién en ese momento pudo hablar mejor de la pieza; después de que yo había hablado tomó la palabra para describir la pieza como "- un pequeño mundo de poesías -" es algo que tengo muy grabado. Yo no podía esperar nada mas, me sentía muy contento y emocionado, además porque ahí estaban mis amigos, a los cuales había invitado un día anterior y son son los que siempre me apoyan.

Foto: MUSA

Ya son las seis de la tarde, todo mundo empieza a retirarse del lugar, entre ellos mis amigos no sin antes felicitarme, y me quedo solo, sentado en una silla blanca en el centro de la sala como al principio pero ahora con un diploma en la mano y un poco fatigado de toda esta experiencia. 

Luego de despedirme de algunos de mis compañeros, me acerco a Lily para agradecerle y despedirme, me dice algunas palabras de aliento, nos tomamos una selfie y así, con una sonrisa nos decimos "hasta luego".

Me acerco a la puerta de salida y espero un poco ahí, junto con otras personas, pues está lloviendo y nadie quiere mojarse. Luego de un rato, con la lluvia ya más calmada me salgo de ahí, con una chamarra puesta y mi mochila al hombro comienzo a caminar entre la lluvia y los charcos por varias cuadras, para poder llegar a la parada del camión que me llevará de regreso a casa, con el efecto casi terminado que provoca la imaginación.

viernes, 5 de enero de 2018

Principios de sinestesia

El rojo me sabe a un corazón jugoso de amor y a la  pasión, la pasión de un beso sin labial y de la cama sin ropas; el rojo sabe a amar audaz, al ácido que mueve mi cuerpo y la vida; al abrazo de un amigo y su hijo, el rojo sabe a sandía y a manzana y a tu familia; al alma plasmada con aceite; me sabe al fuego interno de los hombres y a cada uno de sus latidos.

Azul me sabe al cielo y toda su magnitud, a viento fresco y al vaso con agua; el azul sabe a bondad y espíritu, al sofá y a la litera; sabe a la tranquilidad del sueño, a la mano de un amigo; el azul sabe al reflejo de uno mismo, a los ojos de una niña y a la etapa de Picasso.

El negro, noche. Y mi cuarto oscuro, el secreto misterioso y  mis ojos cerrados; el negro sabe a lo profundo de todo, a lo interno y a una muerte digna; el negro sabe al silencio, al cabello de Frida, a la sombra que proyectan los cuerpos y  tal vez a la tristeza.

"Principios de sinestesia (La música aguada)"
Ilustración digital, Chuy Vélez, 2004.

sábado, 7 de noviembre de 2015

El espacio de las noches de aburrimiento

Este es un espacio de la noches de aburrimiento del mes de abril (2009). La Luna aparece enorme y resplandeciente, se siente un viento fresco como avisando la lluvia, hay poca gente en las calles y pocas luces encendidas. El cenicero que solía acompañarme ya no está a mi lado, ni el cigarrillo. He dejado de fumar... por ahora.

La noche se divisa tan sensible como los pétalos de las flores del jardín de afuera y las del árbol. Pienso en las noches parecidas a donde viví mi infancia. Las noches a media luz en las angostas banquetas de la cuadra de Juan N. Cumplido, la bola de niños corriendo como locos jugando a encantados o quemados o la traes (o la roña).

Las personas mayores distraídas en la conversación y los chismes de barrio. El fresco de la noche entra por la nariz pero no se siente tan frío como ahora... ahora que con los años uno se vuelve más susceptible. De niños hasta las rodillas mugrosas y con piojos... Y el cielo estrellado y muy oscuro; inmenso como las banquetas donde cabíamos acostados yo y mis amigos para ver el enorme cielo oscuro, pocos coches de que cuidarnos. Cada noche era diferente, era tan increíble dejarse sorprender con cosas tan sencillas y simples; una casa vacía, un montón de tierra, una lámpara apagada o un auto abandonado...siempre aparecía algo diferente al día de ayer, siempre ese tipo de cosas eran nuestra diversión.

El barrio se encontraba en Juan N. Cumplido entre José Ma. Vigil y Jesús García. Estábamos rodeados por el panteón de Mezquitán, cerca el Mercado de las flores, el templo de la Sagrada Familia y el mercado con el mismo nombre; cerca de Enrique Díaz León y del Parque Alcalde. No podíamos quejarnos, volvíamos estos lugares en nuestros parques de diversión, ¡resbaladillas en la iglesia!, ¡alberca en el parque!, ¡cuentos de terror en el mercado de las flores! ¡y un campo del fut dentro del panteón!.


martes, 22 de noviembre de 2011

Uno de estos días...

El Invierno es el mejor amigo del Tiempo, se detienen a platicar en un café del centro cuando se encuentran, se cuentan algunos chismes de la gente y se ríen a carcajadas mientras toman una taza de café caliente.

Platican de las bromas pesada que juegan a la gente en las noches solitarias. El tiempo se queja de tanto trabajo que los hombres le delegan.

El Invierno es el mejor amigo del Tiempo, pasan meses platicando de sus viajes por otras tierras, de sus falsos amoríos, de cuando despertaron una mañana junto a un hombre vagabundo, de sus noches con insomnio, de su comida fría y gris, de los campos secos que caminaron y del parto que asistieron en un mes de noviembre.

El Tiempo y su mejor amigo se despiden, se dan la mano y un fuerte abrazo porque en el fondo son un par de sentimentales; con la esperanza de volverse a encontrar el próximo año, o tal vez uno de estos días.


martes, 10 de mayo de 2011

UNA LÁGRIMA EN EL ARROZ

LA HORA DE LA CENA CASI LLEGA, ENTRE EL NOTICIERO, REGAR LAS PLANTAS Y ARCHIVOS DE LA COMPU, ÉL SE APRESURA, SIENTE QUE JAMÁS LE ALCANZA EL TIEMPO, TODO EL DÍA EN LA OFICINA Y SIEMPRE ACARRERADO. EL CALOR, EL VASO DE AGUA, LA DUCHA, LOS INSECTOS NOCTURNOS LO ACOMPAÑAN EN LA COCINA Y EL FUEGO EN LA ESTUFA MENEANDOSE, BAILANDO, MOVIENDO SU CABELLERA ROJA. MIENTRAS PASA POR SU CABEZA LO QUE SIGUE; LEVANTAR LA ROPA, SACAR LA BASURA.. Y EL VAPOR SALIENDO DE LA OLLA.

A VECES HACE FALTA ASOMARSE A LA VENTANA, TOMARLE PRESTADO UN RESPIRO A LA FRESCA NOCHE, LLENA DE RUIDITOS DE GRILLOS, UN GATO Y EL SILVAR ENTRE LAS RAMAS DE ESE ARBOL; UN RESPIRO PROFUNDO COMO SI EL CUERPO ESTUVIERA VACIO, COMO SI NO HUBIERA NADA DENTRO DE ÉL.

EL TIEMPO SIGUE SU CURSO Y EL VAPOR SE ESCAPA POR LA VENTANA, COMO LIBRE ALBEDRIO COMO LIBRES PALABRAS.

EL ARROZ, EL ACEITE Y LAS VERDURAS NO SABEN DE TIEMPOS, NO USAN RELOJ NI CALENDARIO SÓLO SE FRIEN, SE EVAPORAN Y DELEITAN EL OLFATO.

LA HORA DE LA CENA CASI LLEGA, JUNTO AL VASO DE AGUA, LA SAL Y LOS CUBIERTOS.... Y ES EN ESE JUSTO MOMENTO, EN QUE ÉL SE SIENTA POR FIN TRANQUILO SIN VER EL RELOJ Y EN ESA CUCHARADA DE DELEITE EN GRANOS, QUE ENTIENDE LA RAZÓN DEL DÍA; Y COMO SI FUERA UN INGREDIENTE SECRETO CAE UNA GOTA DE ALEGRÍA, PARA VOLVER ESE GUISO EL PLATILLO PERFECTO.

viernes, 6 de mayo de 2011

Después de inducirnos los sueños...

Ya casi las ocho de la noche y yo llegando al café, Celia me recibe y platicamos un poco de cómo nos ha ido en estos días, y así, me entregan las obras ya expuestas y me pregunta qué es lo que voy hacer con el "speech" que trata sobre la expo, una impresión en tabloide que estaba casi en la entrada. Yo dije que eso ya no lo necesitaba; pregunté porqué y resulta que tengo una "fan" de como 50 años de edad; es la mesera del café.

La señora le gustó mucho lo que decía ese escrito que hablaba de los sueños, supongo que se sintió identificada de alguna manera y pues quería conservarlo, así que sin dudarlo y gustoso la miré y le dije que se quedara con él, y sonreí. A partir de eso la señora se quedo con nosotros a platicar, y como hacía mucho no lo hacía, me quede escuchando fijamente sus anécdotas, ya saben, de esas de pueblo, de vagancias de chiquillos.

Y entre otros comentarios con los que me dí cuenta que teníamos algo en común, éramos muy parecidos en el fondo, supongo que fue por eso su interés en tal escrito.(Acabo de tener un Dejavu), los dos somos sumamente sensibles a los sueños.

Gracias a todos por su apoyo otra vez, es momento de pasar a otra sala.


sábado, 2 de junio de 2007

¡Yo no soy maestra Bere!

Hace como 3 meses que compré mi actual teléfono celular; después de que el anterior me lo robaron aquella vez afuera del antro en una “revisión”, ciertas personas que no mencionare porque luego los polis se aguitan. El caso es que a los quince días que empecé a usarlo, recibí una llamada muy tempranito de una señora que me pregunto:

- Bueno, ¿a donde hablo?-
- ¿Con quien quiere hablar?-
- Con la maestra Bere-
- Esta equivocado-

A los quince minutos vuelven a llamar y cuando contesto, cuelgan. Supuse que era la misma persona.
Como a las dos semanas me vuelven a llamar, esta vez se oía una voz de mujer joven:

- Bueno, ¿a donde hablo?-
- ¿Con quien quiere hablar?-
- Con la maestra Bere”-
- Esta equivocado-

Y así, una y otra y otra y otra vez… llamadas a la famosa maestra Bere.

La última vez recibí un mensaje, ya no era llamada, como que era de un alumno y decía:

–“Maestra Bere, ¿cuando puedo ir por mis chelas?”-

“Ha de ser maestra de química”- pensé- por lo de los alcoholes pues. Me dió risa y estuve a punto de contestar el mensaje para hacerle saber que estaba enviado a número equivocado… pero..naaaah… mejor lo dejo así, a ver que más sale.. jajaja.

Ahora … si alguna vez me mandaste un mensaje y no te lo contesté; una de dos, o no traía crédito en el celular ó la maestra Bere ya sabe algo de mi vida…. Y si no tiene nada que hacer, puede que le parezca gracioso y este escribiendo la misma tarugada que yo, pero con el título: “Yo no soy Cariño, Chuy, Wey, Mijo…etc, etc.”