Es la mañana de un jueves, voy caminando hacía el paraninfo en cuanto recibo una llamada, es la chica que organiza un taller que comienza en unos minutos en el MUSA, llama para confirmar mi participación en él y con una mueca de satisfacción, yo le confirmo mi asistencia, la cual no estaba planeada hasta ese momento, solo digamos que tomé mis precauciones para estar cerca de ahí.
Antes de entrar al taller espero sentado en una de las macetas de la plaza frente al templo Expiatorio un poco, pues aún falta un poco para que abrieran las puertas, le doy unos tragos a la botella de agua que acabo de comprar y me llevo una paleta de dulce a la boca. En este momento me siento algo ansioso y nervioso; esperé que el agua y la paleta aliviarán eso pero no fue así.
Al llegar la hora, entro a lugar, me registro y tomo una silla para sentarme en medio de la sala. Poco a poco empiezan a llegar los demás compañeros, somos al rededor de doce personas, incluyendo a las chicas organizadoras y a la tallerista, su nombre es Lily. A quien de lejos logro identificar y la escucho hablar en inglés. En ese momento ella se para al centro de la sala y mientras hablaba, una chica a su lado le traduce cada frase.
Luego de presentarse y explicarnos el proceso del taller, nos invita a una de las salas; para explicarnos algunas de las piezas de instalación que ahí se encuentran, y bueno, a partir de eso, entre dinámicas, apuntes, bocetos; comienza el aprendizaje y la experiencia. La mayoría de los participantes son jóvenes, creo que yo soy el más adultos de ahí, quizás por eso es que con Lily tengo una relación muy estrecha durante el transcurso del taller.
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| Foto: MUSA |
Durante cuatro días tuvimos que desarrollar una pieza de instalación a partir de las piezas originales de la exposición y con las herramientas y materiales que nos proporcionaron. Es chistoso cómo yo el primer día estaba tan bloqueado que empecé con un proyecto bastante escueto, era una caja; sí, literariamente una caja; a diferencia de lo que fue el resultado final no tenía comparación.
Luego de analizar mi propuesta pensé que no era suficiente, como siempre me pasa, y comencé a bocetar mas tranquilamente en la comodidad de mi casa y me enfoqué en estos cuatro principios:
- No te limites
- Cambia cuando necesites cambiar
- Deja que la pieza fluya y
- Apropiate del espacio.
Estas cuatro cosa para mi fueron fundamentales. Luego de esto y de seguir bocetando tuve otra idea, mas fresca, mas orgánica, mas sutil y mas estética. Esta pieza al final fue una especie de telaraña monumental colgada de los muros del recinto, atada desde el piso hasta el techo, fue una pieza que me permitió ser muy sutil con los detalles. El trayecto fue padrísimo, cada día que trabajaba en la pieza era como si yo desapareciera, todo se borraba de mi mente y solo veía los materiales y el espacio, luego me daba un tiempo de contemplación para ver la pieza de lejos de diferentes ángulos, no era nada simétrica, si no todo lo contrario. El proceso me pareció muy lúdico y visceral, llegue a compararlo un poco conmigo.
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| Foto: MUSA |
Entre eso y mis pláticas con Lily, me sentía muy motivado a seguir, muy fluido y llevado por la pieza, ella me sugería qué hacer, dónde seguir y cómo. Lily es una gran conocedora, es una escultora y curadora alemana, que a lo que entendí va por muchos lugares del mundo impartiendo este taller junto con la exposición. Hace mucho no me encontraba con quien, irónicamente, pudiera hablar el mismo idioma, en tan pocos día sentí mucha afinidad con ella, sentí que teníamos muchas cosas en común, era como si estuviéramos conectados por el arte. Indescriptible.
En el cuarto y último día yo seguía trabajando en la pieza hasta donde pude, quedé muy contento con el resultado final pero sobre todo con la experiencia y el aprendizaje. Para cerrar el ciclo del taller se hizo una pequeña exposición con las piezas realizadas y cada uno hizo una breve explicación de sus piezas.
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| Foto: MUSA |
Para mi suerte, soy el primero en hablar, obviamente me pongo nervioso, pues no soy bueno hablando en público, dos segundos puedo hablar bien pero el resto me sudan las manos, me tiembla la voz y los músculos faciales, creo que debe es un poco gracioso para los demás. Más allá de explicar la pieza, traté de compartir mi experiencia y el taller en sí, cómo había sido y lo mucho que lo había disfrutado. Lily es quién en ese momento pudo hablar mejor de la pieza; después de que yo había hablado tomó la palabra para describir la pieza como "- un pequeño mundo de poesías -" es algo que tengo muy grabado. Yo no podía esperar nada mas, me sentía muy contento y emocionado, además porque ahí estaban mis amigos, a los cuales había invitado un día anterior y son son los que siempre me apoyan.
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| Foto: MUSA |
Ya son las seis de la tarde, todo mundo empieza a retirarse del lugar, entre ellos mis amigos no sin antes felicitarme, y me quedo solo, sentado en una silla blanca en el centro de la sala como al principio pero ahora con un diploma en la mano y un poco fatigado de toda esta experiencia.
Luego de despedirme de algunos de mis compañeros, me acerco a Lily para agradecerle y despedirme, me dice algunas palabras de aliento, nos tomamos una selfie y así, con una sonrisa nos decimos "hasta luego".
Me acerco a la puerta de salida y espero un poco ahí, junto con otras personas, pues está lloviendo y nadie quiere mojarse. Luego de un rato, con la lluvia ya más calmada me salgo de ahí, con una chamarra puesta y mi mochila al hombro comienzo a caminar entre la lluvia y los charcos por varias cuadras, para poder llegar a la parada del camión que me llevará de regreso a casa, con el efecto casi terminado que provoca la imaginación.




